La exigencia de ser mujer (y no fallar en el intento)

La exigencia de ser mujer (y no fallar en el intento)

Por: Sara Vega Bravo

Si eres madre, debes ser una súper buena mamá. Pero no sólo eso. Debes amar cada etapa, romantizar el cansancio, agradecer el proceso, encontrar hermosa la maternidad incluso cuando estás destruida emocional y físicamente. Porque pareciera que decir que la maternidad también puede ser triste, solitaria, agobiante o amarga, automáticamente te convierte en “pésima mujer”.

Y si decides no ser madre, tampoco te salvas.

Entonces vienen las preguntas.
“¿Pero por qué no?”
“¿Y quién te va a cuidar después?”
“Todavía estás a tiempo.”
“Ser mamá es lo más lindo del mundo.”
“Oye, pero si tú serías una excelente mamá.”

Tengo 37 años, ya pasando a los 38, y pareciera que el reloj biológico no sólo existe en el cuerpo: existe también en la mirada de los demás. En cómo te observan. En cómo opinan de tu vida como si fuera un proyecto comunitario.

Lo más agotador es que muchas veces esta presión viene tanto de hombres como de mujeres. Nuestro propio género también termina perpetuando estándares imposibles. Como si siempre hubiese una versión "correcta" de ser mujer y todas las demás fueran errores.

Y al final, una termina sintiendo culpa por simplemente existir distinto.

Hace poco vi una entrevista a la psicóloga chilena Pilar Sordo, donde Don Francisco le preguntaba, con una simpleza enorme, cómo era posible que ella “supiera tanto de psicología” y aun así hubiera “fracasado” en sus matrimonios, mientras él llevaba décadas casado.

Y ahí fue cuando pensé: ¿por qué seguimos creyendo que entender la vida debería inmunizarnos del dolor?

¿Por qué pareciera que una mujer no puede perder, equivocarse, fracasar, sentirse rota o empezar de nuevo?

Como si la experiencia humana tuviera que ser impecable para tener valor.

Eso mismo me pasó a mi.

Me echaron de mi trabajo. Me separé de mi pareja, con quien vivía. Y hoy estoy viviendo nuevamente con mi madre. ¿Es algo temporal? Sí. Pero aun así, se siente como un fracaso.

No necesariamente porque lo sea, sino porque la sociedad nos enseñó que a cierta edad deberíamos tener una vida “resuelta”. Una estabilidad obligatoria. Una especie de éxito lineal donde todo debe funcionar siempre.

Pero la vida real no funciona así.

La vida real tiene pausas, quiebres, duelos, incertidumbres y reinicios.
Y aun así seguimos exigiéndonos alcanzar estándares que muchas veces ni siquiera nos hacen felices.

Nos enseñaron a perseguir una idea de éxito que termina provocándonos tristeza, ansiedad, estrés y una sensación constante de no estar a la altura del mundo.

Y quizás el verdadero acto rupturista hoy no sea ser madre o no serlo.

Quizás sea simplemente dejar de vivir para cumplir expectativas ajenas.

Los fuertes de antes v/s los débiles de ahora: el nuevo meme que se burla  de las nuevas generaciones | Sociedad | BioBioChile

0 comentarios

Dejar un comentario